Fotografía: Fabio Fdez. Virgen de las Penas 15/06/2018 |
El próximo viernes 18 de marzo a partir de las 19,45 horas celebraremos D.m. en el Oratorio de la Hermandad de las Penas la vigilia ordinaria de Adoración al Santísimo de nuestro turno, nos uniremos a la dedicación a los gozos de San José y a la Sagrada Eucaristía que los hermanos de la Cofradía celebran dentro del Quinario a su Titular el Señor de la Agonía, tras la cual seguiremos nuestro orden de vigilia.
Aquí trascribo a continuación el tema de reflexión continuando con el conocimiento sinodal que nos brinda este tiempo.
Sínodo - Misión
La común unión con Jesucristo
en su Iglesia nos lleva a participar de la misma vida divina de la Santísima
Trinidad.
Nos ha hecho un reino y sacerdotes, y de esa
comunión y participación, nos manda a la misión, “Id al mundo entero y anunciad
el Evangelio a toda criatura”. Los envió de dos en dos a ser testigos de lo que
habían visto, oído y hacerlo vida con la fuerza del Espíritu Santo.
Los Santos, muchedumbre
inmensa que nadie podía contar, han realizado con su vida y enseñanzas la
misión de Jesucristo, como nos dice el Concilio Vaticano II, haciendo de la
Eucaristía su centro en el crecimiento de la Iglesia “la Iglesia, o Reino de
Cristo presente ya en misterio, crece visiblemente en el mundo por el poder de
Dios”, respondiendo a la pregunta ¿Cómo crece?, añade: “Cuantas veces se
celebra en el altar el sacrificio de la cruz, en el que Cristo, nuestra Pascua,
fue inmolado se realiza la obra de nuestra redención y la unidad de los
creyentes que forman un solo cuerpo en Cristo”.
En la Eucaristía recibimos
la fuerza espiritual necesaria para cumplir nuestra misión de bautizados, por
lo que intentar anunciar la Buena Nueva sin la presencia de la Eucaristía,
celebrada, adorada y recibida, es un acto de infidelidad a Cristo y a la
Iglesia, lo opuesto a la sinodalidad.
Cuando más nos dejemos ser
Eucaristía, mejor mostramos el tesoro inestimable de Cristo al mundo, de tal
forma que al estar con Él, reclinados sobre su pecho como el discípulo
predilecto, palpar el amor infinito de su corazón. Nos recuerda santa Margarita
M.ª lo que le manifestaba el Corazón de Jesús: “Quiero que tu corazón sea para Mí
un refugio en que pueda retirarme y tomar un poco de reposo cuando los
pecadores me persiguen y me echan de sus corazones”. Realizando la unión de
corazones, que el mundo necesita.
Misión que vivió nuestro
fundador el Venerable Luis de Trelles; tras su conversión se dio cuenta de que
para alcanzar la regeneración moral de la sociedad, había que buscarla desde
los medios de la fe, la piedad y la catequesis; en ese proceso reflexivo,
Trelles, se transforma en un hombre renovado que busca en su interior un nuevo
ideal y se propone impetrar a Jesucristo, desde la Eucaristía, el remedio de
tantos males, de ayer y hoy de la sociedad “líquida”, La Lámpara del Santuario
1890, p.335: “Vemos tan claro, como la luz del mediodía, que tal es nuestra
vocación como Adoradores: Orar, meditar, expiar, satisfacer y reparar,
interceder y compensar los ultrajes que recibe el Augusto Sacramento”.
De su vida eucarística
brotará la misión concretada en las Conferencias de San Vicente de Paul, el
abogado de los Pobres, periodista, diputado, el canje de prisioneros,
adelantándose al derecho internacional, y cómo no, las obras eucaristías, para
hombres y mujeres, animadas con la Lámpara del Santuario: así es considerado
“Apóstol de la Eucaristía”.
Trelles vive la misión de dar a conocer a
Jesucristo, como lo dice la hija de un santo adorador, Teresa del Niño Jesús:
“Sólo tenemos que hacer una cosa durante la noche, la única noche de la vida,
que no vendrá más que una vez: amar, amar a Jesús con todas las fuerzas de
nuestro corazón y salvarle almas para que sea amado”.
Contemplemos la misión en
san José, como nos insiste el Papa Francisco, su común unión familiar con su
esposa y con su Niño, colaborando directamente en la obra redentora de
Jesucristo. Misión confiada por el Padre sobre su Hijo y la madre de su Hijo,
su esposa.
Misión de José, que muestra
la ternura y el cariño del Padre hacia sus hijos: esa misma ternura y cariño
debemos mostrar como adoradores con el Señor sacramentado y con los hermanos:
José nos enseñará.
Misión en obediencia al
plan de Dios en su vida, haciendo de su propia historia una aceptación gozosa
de dicho plan, acogiendo a su esposa y a su niño. Misión que le lleva a salir
de sí mismo, de su casa, de su tierra, para proteger al Hijo de Dios,
alimentarlo con su trabajo cotidiano de la carpintería, colaborando en la
misión corredentora con el Hijo del carpintero, enseñándole el oficio en el
taller de Nazaret.
Como adoradores nocturnos
debemos acercarnos a Jesús, para descansar mutuamente en su Corazón y ser
fieles al don y la misión que nos ha transmitido el Venerable Trelles, donde el
silencio de José, bajo cuya sombra creció, en estatura, sabiduría y gracia el
Hijo de Dios; tenemos que pedirle a San José amar, gustar y practicar el
silencio ante su Hijo, (Fuge… Tace… Quiesce…),
(Huye, Calla, Descansa), como lo hizo Jesús en los brazos de José.
Adorar, cuidar, vivir la
redención en la Eucaristía, como José y Luis de Trelles, llevarla a las personas
para que conozcan la misión del Padre en Cristo para sus vidas, y desde cada
encuentro nocturno, ser lámpara que alumbre en medio de las tinieblas de este
mundo; les pedimos al Venerable y a san José la fidelidad en la misión, como
ellos la vivieron, lo hacemos con la oración del Papa Francisco: Salve,
custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. A ti, Dios confió a su Hijo,
en ti, María depositó su confianza, contigo, Cristo se forjó como hombre. Para
ser adoradores de noche y testigos de día.
PREGUNTAS
¿Aprovecho
el don de la misión de ser y vivir la adoración nocturna?
¿Cómo
vivo mis silencios ante el Santísimo, en unión de San José y Luis de Trelles?
¿Busco
en la Eucaristía la fuerza renovadora para la misión evangelizadora que
lleva?