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sábado, 6 de agosto de 2016

Vigilia de Agosto, ¡Dios no tiene vacaciones!

En la Parroquia de los Santos Mártires se celebró la vigilia de agosto, por los turnos "Virgen de las Penas", "Santo Domingo de Guzmán" y "San Ciriaco y Santa Paula", el tema de reflexión "La Asunción de Nuestra Señora al Cielo", donde se meditó y se leyó del boletín "Velad y Orad" correspondiente el contenido para dicha reflexión, dirigió el cura-párroco D. Felipe Reina Hurtado, que destacó esta festividad de la Virgen y nos transmitió la importancia en la Iglesia y para los fieles; el Papa Francisco, nos dice un texto del boletín: "Ella ha entrado definitivamente en la gloria del Cielo. Pero esto no significa que esté lejos, que se separe de nosotros. María por el contrario, nos acompaña, habla con nosotros. Sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal".
La vigilia de esta jornada de Adoración Eucarística se aplicó por las siguientes intenciones: por la mejoría y reestablecimiento del Rvdo. D. Alfonso Casamayor Palacio, por la pronta recuperación del adorador D. Sebastián Rivas Briales, por los familiares de los adoradores de nuestros turnos, para que se acaben todas las guerras y actos terroristas.
A continuación se pasó a la Iglesia y ante la Exposición de su Divina Majestad se realizaron los rezos y lecturas del tiempo ordinario correspondiente al día según el manual, tras ello se realizó el turno de vela, donde en meditación individual y silenciosa cada adorador está en íntima relación paterno-filial con el Santísimo.
Tras las preces expiatorias, las completas y oración la Santísima Virgen se hizo la Reserva.



Creo que deberíamos de reflexionar como conseguir atraer mas invitados a nuestra cita con el Señor y se sientan llamados por la vocación, sobre todos los más jóvenes, para que nunca defallezca la obra. ¡Pidamoslo a quien nunca está de vacaciones!

lunes, 1 de agosto de 2016

VIERNES 5 DE AGOSTO A LAS 21 H. EN LA PARROQUIA DE LOS SANTOS MÁRTIRES. Vigilia de Agosto 2016.


LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA AL CIELO. Tema de reflexión para la Vigilia de Agosto 2016.

La Asunción de Nuestra Señora al Cielo

“Terminado el curso de su vida en la tierra, María fue asunta en cuerpo y alma al Cielo”.
          En María, Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, adelanta la plenitud de la santificación del mundo. Realiza todos sus deseos de creación, de redención, de santificación de la criatura humana. María, Asunta al Cielo es la obra perfecta y consumada de Dios,
          María ha recibido en su seno a Dios Hijo en su venida a la tierra. Hoy contemplamos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, que acoge a Santa María, “terminado el curso de su vida en la tierra", para vivir eternamente con Él en el Cielo, y para gozo de los coros celestiales.

“María ha sido llevada por Dios, en cuerpo y alma, a los cielos: ¡y los Ángeles se alegran!”

“Hay alegría entre los ángeles y entre los hombres. ¿Por qué este gozo íntimo que advertimos hoy, con el corazón que parece saltar del pecho, con el alma inundada de paz? Porque celebramos la glorificación de nuestra Madre y es natural que sus hijos sintamos un especial júbilo, al ver cómo la honra la Trinidad Beatísima” (San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, n. 171).

Los Ángeles y los Arcángeles se alegran de verla; la contemplan; y nosotros nos unimos a su gozo y al de toda la creación. La contemplan; y nos invitan a que pongamos en Ella nuestra mirada, para que un día, podamos también nosotros estar eternamente con Ella en el Cielo, y ver realizado el sueño de Dios sobre todas sus criaturas: vivir eternamente con sus hijos, los hombres, acompañados de su Madre y nuestra Madre, María.

Y en el Cielo, María nos invita a todos a renovar nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra caridad.

Nuestra fe, porque Ella es la primera criatura que vive en su cuerpo y en su alma la Resurrección de Cristo; la primera criatura que vive la resurrección de la carne, y que contempla cara a cara a Dios, en el Cielo, en su cuerpo glorioso. “En María elevada al Cielo, plenamente partícipe de la Resurrección de su Hijo, contemplamos la realización de la criatura humana según el “mundo de Dios” (Benedicto XVII; 15-VIII-2010).

Nuestra esperanza, porque ya en el Cielo, nos muestra que Dios es fiel en sus promesas, que cumple sus palabras. Dijo Jesús: “Ésta es la vida eterna, dijo Jesús, que te conozcan a Ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien Tú has enviado” (Jn 17, 3); y con Ella no perderemos jamás la esperanza de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.



Esperanza, porque su mirada materna nos transmite el amor que Dios nos tiene, y llena nuestra alma del Espíritu Santo, como ocurrió cuando visitó a su prima santa Isabel.
Nuestra caridad, y para darnos una caridad que nos mueva a perdonar y a amar a todos, con el amor con que nos ama su Hijo Jesucristo. Nos hace partícipes de la caridad que llevó a su corazón a perdonar a los que crucificaron a su Hijo y a rezar por ellos. Y a rezar y a perdonar por todos los que de una manera u otra le ofenden.
Madre de Dios y Madre nuestra. Desde el Cielo, con su tierna mirada de madre amorosa, nos envía el Espíritu Santo para que renovemos nuestra fe en la vida eterna, y prepare nuestro corazón para acogerlo.
Ella ha entrado definitivamente en la Gloria del Cielo. Pero esto no significa que esté lejos, que se separe de nosotros; María, por el contrario, nos acompaña, lucha con nosotros. Sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal” (Papa Francisco, 15-VIII-2013) .
En el Cielo, la Virgen María intercede por las almas benditas del Purgatorio, para que lleguen a gozar de Dios eternamente. Pongamos en sus manos las almas de nuestros seres queridos difuntos, para que sea para todos la puerta del Cielo. Y María quiere ser “puerta del cielo” también para nosotros, que peregrinamos en la tierra, porque nos hace descubrir la alegría de Cristo Misericordioso, al perdonar nuestros pecados.
“Contemplando el misterio de tu Asunción, oh María, aprendemos a valorar las realidades terrenas en su justa luz. Ayúdanos a no olvidar nunca que nuestra verdadera y definitiva morada es el Cielo y a sostenernos en el esfuerzo de hacer nuestra convivencia aquí abajo cada vez más fraterna y solidaria. Haznos agentes de justicia y artífices de paz en el nombre de Cristo, nuestra auténtica paz” (Juan Pablo II, 15-VIII-96).
María, asunta en el Cielo, es para todos sus hijos peregrinos en la tierra la luz, la aurora que anuncia el amanecer que esperamos; la Luz que ilumina la tiniebla de nuestro corazón pobre y limitado.
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Cuestionario
1.- ¿Me alegro al contemplar a la Virgen Santísima, ya en el Cielo, en cuerpo y alma gloriosos?
2.- Me doy cuenta de que la devoción a la Madre de Dios prepara mi corazón para recibir con docilidad al Espíritu Santo?
3.- Si el diablo me tienta con la tristeza, ¿acudo a Santa María consciente de que Ella es Madre misericordiosa y Causa de nuestra alegría?


viernes, 29 de julio de 2016

MISA DEDICADA AL 48 ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CARDENAL HERRERA ORIA

El 28 de julio del presente se celebró una Santa Misa en la capilla de la Encarnación, capilla  donde está situado el Sagrario. Ofició el sacerdote D. Andrés Ramos Castro, capellán del Colegio Mayor San Pablo de Madrid, que se desplazó hasta Málaga para celebrar esta efeméride.


Pincha en el siguiente enlace para ver la Biografía del Cardenal

Don Angel Herrera Oria, fue jurista, periodista, escritor, obispo de Málaga y Cardenal,  su obra destacó en un sinfín de actividades encaminadas todas al acercamiento a Dios, gran actividad en la vida pastoral, en la formación y educación; son tantos los frutos de su obra que permanecen intactas sus enseñanzas y ejemplo de vida.


Estatua del Cardenal Herrera Oria del autor Francisco Palma


Los restos de Don Angel descansan en la Capilla de San Rafael de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Málaga.
Vista de la Catedral de Málaga

Estuvo presente el turno Virgen de las Penas en dicha efeméride al tratarse de una persona tan destacada en nuestra Iglesia Católica y su vida  un claro ejemplo de cristiano ejemplar, entregado a Dios y a los demás con el amor que nos pide el Señor.




viernes, 15 de julio de 2016

En la Vigilia de Julio se suman los turnos VIRGEN DE LAS PENAS. SAN CIRIACO Y STA. PAULA, y SANTO DOMINGO DE GUZMAN


Hoy las intenciones de la vigilia estarán dedicadas a las víctimas de la masacre de Niza, y para que seamos los hombres capaces de acabar con el terrorismo y las guerras.
Acude con nosotros a la cita, hoy viernes 15 de julio a las 21 h. en la Parroquía de los Santos Mártires.


martes, 28 de junio de 2016

VIGILIA DEL TURNO "VIRGEN DE LAS PENAS" Viernes 1 de julio a las 20 h.

Tendrá lugar el próximo viernes 1 de julio del presente a partir de las 20 h. en el Oratorio de la Hermandad de las Penas.
El turno de reflexión versará sobre el Año de la Misericordia, es el siguiente:

El Año de la Misericordia

“La Iglesia está viviendo el Año Santo de la Misericordia, un tiempo de gracia, de paz, de conversión y de alegría, que concierne a todos: grandes y pequeños, cercanos y lejanos. No hay fronteras ni distancias que puedan impedir a la misericordia del Padre llegar a nosotros y hacerse presente entre nosotros” (Mensaje para el Jubileo de la Misericordia de los Jóvenes, 6-enero-2016).
Dios nos ofrece su Misericordia. Jesucristo, desde la Cruz, abre su Corazón Misericordioso, dispuesto a perdonar nuestros pecados. Los hombres podemos rechazar la Misericordia de Dios, y encerrarnos en nuestros pecados. “Siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno” (Mensaje del santo Padre Francisco para la Cuaresma 2016, 4-octubre-2015).
“Pobre” es todo el que necesita del perdón, del afecto, de la comprensión, de Dios y de los hombres; “soberbios, ricos, poderosos”, son los que piensan que no necesitan nada de los demás, los que dicen que se bastan a sí mismos, que son autosuficientes, que no necesitan nada de nadie.
¿Cómo podemos vivir esos tiempos que recuerda el Papa, para que nuestro corazón se ilumine con la luz de la Misericordia de Dios y, después, podamos ser también nosotros misericordiosos?
El primer paso es el tiempo de gracia y acercarnos arrepentidos a Cristo: Dios nos ofrece su Misericordia; nos ama primero y espera nuestra respuesta a su Amor. Nuestra respuesta es la conversión, que comienza con el reconocimiento de nuestro pecado: “Contra Ti, Señor, contra Ti solo pequé”. “Misericordia es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado” (Misericordiae Vultus, n. 2).
“Así entonces, estamos llamados a vivir de misericordia, porque a nosotros en primer lugar se nos ha aplicado misericordia. El perdón de las ofensas deviene la expresión más evidente del amor misericordioso y para nosotros cristianos es un imperativo del que nos podemos prescindir. ¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón” (ibidem, n. 9).
Con la conciencia del pecado y el deseo de pedir perdón al Señor, comienza nuestra conversión, que nos mueve a perdonar también nosotros a quienes nos ofenden, a quienes pretenden hacernos mal, a quienes pecan contra Dios y contra nosotros, y nos une más a Dios. Es el tiempo de paz.
Con el tiempo de paz asentado en nuestra alma, tenemos hambre de estar siempre viviendo con el Señor, sed de amarle, de aprender de su vida, de conocerle mejor para ayudar a los demás a que le conozcan y le amen, hambre de dar testimonio de nuestra fe, para que todos los que nos rodean, toda la Iglesia, el mundo entero, goce de la Luz del Amor de Dios.
“Los Evangelios nos hablan muchas veces de su misericordia, de su capacidad de participar en el dolor y en las necesidades de los demás: se compadece de la viuda de Naím, llora por la muerte de Lázaro, se preocupa de las multitudes que le siguen y que no tienen qué comer, se compadece también sobre todo de los pecadores, de los que caminan por el mundo sin conocer la luz ni la verdad: desembarcando vio Jesús una gran muchedumbre, y se le enternecieron las entrañas, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a instruirles en muchas cosas”. (San Josemaría. Es Cristo que pasa, n. 146)
Anhelando y procurando vivir así, llega para nosotros el tiempo de conversión, que empieza con descubrir que somos pecadores, que Dios quiere que el pecador “se arrepienta y viva”, que necesitamos de su perdón, y Él nos lo da, cuando arrepentidos de nuestro mal obrar y vivir, se lo pedimos, en cualquier momento que se lo pidamos, todas las veces que se lo pidamos.
“La mentalidad contemporánea, quizás en mayor medida que la del hombre del pasado, parece oponerse al Dios de la misericordia y tiende además a orillar de la vida y arrancar del corazón humano la idea misma de la misericordia. La palabra y el concepto de misericordia parecen producir una cierta desazón en el hombre, quien, gracias a los adelantos tan enormes de la ciencia y de la técnica, como nunca, fueron conocidos antes en la historia, se hace dueño y ha dominado la tierra mucho más que en el pasado. Tal dominio sobre la tierra, entendido tal vez unilateral y superficialmente, parece no dejar espacio a la misericordia” (Juan Pablo II. Dives in misericordia, n. 2).
Y en gracia, convertidos y en paz, la Misericordia del Señor abre nuestra alma para poder vivir ese tiempo de alegría que sólo Dios nos puede dar:
“La misericordia que Dios muestra nos ha de empujar siempre a volver. Hijos míos, mejor es no marcharse de su lado, no abandonarle; pero si alguna vez por debilidad humana os marcháis, regresad corriendo. Él nos recibe siempre, como el padre del hijo pródigo, con más intensidad de amor (San Josemaría Escrivá).
La Virgen, Madre de Misericordia, será también para nosotros “Causa de nuestra alegría”: nos ayudará a vivir la Misericordia de Dios y nos enseñará a ser misericordiosos. Acompañaremos a nuestros hermanos los hombres en sus sufrimientos, en sus dolores, en su soledad, en sus miserias; les ayudaremos a pedir perdón por sus pecados y a gozar del Amor Misericordioso de Dios.
Viviendo la Misericordia de Dios, seremos nosotros mismos misericordiosos: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia”.
* * * * * *
Cuestionario
¿Pido perdón a Dios de mis pecados con la confianza con la que el hijo pródigo se acercó a la casa de su padre?
¿Perdono de corazón a todos los que, de una manera o de otra, me han agraviado, sin guardar ningún rencor en el corazón?
¿Pido al Señor la gracia de convertirme a su Amor todos los días, de agrandar así mi corazón y de amar a los demás como Él los ama?

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